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Enrique Vázquez

Tomando en cuenta los hechos y narrativas que han surgido a la luz respecto a la renegociación del TLCAN, no queda sino suscribir las atinadas palabras del Presidente Nacional de la COPARMEX, Gustavo de Hoyos Walther, dadas las circunstancias y las ilógicas exigencias, el mero hecho de continuar en la mesa de negociaciones y de haber postergado cualquier clausura hasta muy entrado 2018 es una ganancia sustancial, y es que después de haber escuchado incumplibles y desafortunadas demandas que nuestro vecino país del norte ha puesto sobre la mesa como requisitos esenciales para continuar en el tratado es la única conclusión a la que se puede llegar.

 

Evidentemente la mano visceral del Presidente Trump, esta muy presente en el debate del TLCAN y dicho lo anterior el mejor de los escenarios hasta el momento, pareciera que las negociaciones se extiendan hasta pasado 2019 cuando los tiempos electorales de nueva cuenta acaparen los focos de discusión en los Estados Unidos de Norteamérica y el próximo POTUS norteamericano decida que debe imperar la razón y deje como está el TLCAN o se negocie una autentica modernización y no un capricho xenófobo.

 

Pero obviamente, ante lo intempestivo que ha demostrado ser el presidente Trump, se hace menester pensar en el otro escenario, en la desaparición total del Tratado de Libre Comercio y la llegada de importantes barreras arancelarias para la entrada de productos mexicanos a tierras norteamericanas, aunque es un panorama francamente desalentador, dado que una considerable mayoría de nuestras exportaciones van a parar a EUA, o dado también que las grandes manufactureras invierten tremendas sumas de capital en construir complejos industriales con miras en llevar de forma económica sus productos a nuestro vecino del norte, la culminación en una salida parece mucho más probable que un nuevo acuerdo.

 

Ahora bien, pensando a futuro el camino de la recuperación de un golpe tan fuerte se recorre necesariamente por dos ejes principales, el fortalecimiento del mercado interno y la búsqueda de nuevas oportunidades de negocios con otros socios comerciales, en ambos casos, es evidente que las grandes empresas transnacionales no sudarán mucho al tratar de relocalizar sus esfuerzos en áreas más productivas o de nuevos mercados, pero las pequeñas y medianas empresas necesitan un aliado en la eventual transición, un papel que precisamente parece mandado hacer para la cúpula empresarial mexicana, sea a través de aportaciones extraordinarias o de la utilización de la estructura actual de mejor manera, la COPARMEX deberá de convertirse en el vinculo entre las pequeñas empresas y los grandes compradores externos, ya no solo como un deber ser propio del organismo sino como un medio de hacer subsistir a las empresas agremiadas.

 

El potencial de negociación y de alcance a nuevos mercados es infinitamente superior en una agrupación con presencia nacional, donde grandes perfiles como el actual dirigente nayarita de la COPARMEX, José Francisco Talavera del Rio o su predecesor José de Jesús Hernández Preciado, pueden establecer lazos con empresas extranjeras para promover los productos locales, favoreciendo empresas que a su vez podrán comprar productos y servicios de otros afiliados locales creando una cadena virtuosa de suministro indispensable como decía en líneas anteriores para sacar adelante a las empresas ante la inexistencia del empuje que traía el TLCAN a nuestro país.

 

Finalmente, cabe destacar que no todo es malo y con la suficiente perspectiva y tenacidad  una situación tan precaria se puede transformar en algo realmente benéfico, basta pensar que un muro en la frontera impediría que miles de productos que hoy se consumen con basta regularidad necesiten ser sustituidos por productos nacionales, el mercado pues estaría servido para quien decida tomarlo de lleno, obviamente una transición de esa envergadura plantea grandes retos pero bueno es necesario verlo con algo de optimismo y esperar que las cosas tomen su justo curso.

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