Enrique Vázquez

La naturaleza es una fuerza inigualable, un momento puede estar en completa calma y otro puede soltar su furia contra cualquier población poco prevenida o muy prevenida, no distingue de razas, nacionalidades, sexo, ni estrato social, los desastres naturales son y serán siempre una posibilidad latente en nuestro mundo, obviamente quienes más se preparan ante su posible llegada saldrán mejor librados, aunque ciertamente ni toda la prevención del mundo puede preparar contra un golpe frontal de la naturaleza.

En octubre del pasado 2015, el Huracán Patricia, el más poderoso registrado en la historia del planeta, amenazó con devastar las costas nayaritas, ante la rápida respuesta de autoridades de todos los niveles y lo que se convirtió prácticamente en un milagro, el huracán perdió fuerza al tocar tierra y afortunadamente los daños fueron muy inferiores a lo que en principio se pensó, con todos los organismos en alerta máxima las zonas afectadas fueron auxiliadas inmediatamente y el incidente quedó en una anécdota más.

En 2013 sin embargo la historia fue diferente, corría julio de aquel año cuando una tromba azotó con gran fuerza el territorio del estado, dejando cuantiosos daños y afectaciones especialmente en el municipio de Xalisco, donde el arroyo del indio se desbordó e inundó varias colonias dejando fuertes afectaciones, en aquella ocasión aun cuando las acciones preventivas estaban presentes la fuerza del fenómeno natural fue avasalladora y los resultados pues bueno son historia, una que hace días parecía repetirse cuando una fuerte lluvia comenzó a caer en distintas partes del estado.

Afortunadamente, lo único en común con aquel julio de 2013, fueron las acciones tomadas con posterioridad al desastre, si bien las afectaciones fueron menores, comparadas con aquella ocasión y esta vez estuvieron focalizadas en la capital del estado, el despliegue de los cuerpos de seguridad, del ejército, de las autoridades estatales e incluso de la sociedad civil, no se hizo esperar y la desafortunada situación de muchos ciudadanos fue saneada con prontitud, las máquinas comenzaron a dragar canales pluviales, a reparar calles, se auxilió en la limpieza de viviendas y las donaciones para los damnificados también estuvieron a la orden del día.

Todo lo anterior demostró una vez más, lo que en las primeras líneas de este comentario ya plasmaba, la fuerza de la naturaleza es incomparable, lo mejor que podemos hacer es estar prevenidos, tanto para aminorar el potencial golpe con acciones oportunas previas al desastre, como actuar con rapidez para auxiliar a los afectados una vez que el azote de la naturaleza ha cesado, tanto nuestro estado como cualquier otro, son susceptibles de sufrir los embates de la naturaleza, pero si otros toman el gran ejemplo que continúa dando ante las eventualidades el gobierno de Roberto Sandoval Castañeda, el número de afectados será cada vez menor.