Enrique Vázquez

La elusiva transparencia gubernamental es posiblemente la pieza clave de los buenos gobiernos, pues ante la necesidad de revelar cada operación y justificar cada gasto que se realiza, las malas prácticas disminuyen o se erradican ante la dificultad de malversar fondos, esto por supuesto cuando hablamos de una transparencia real, total sobre todos los recursos públicos que se utilizan no únicamente sobre los que conviene hacer públicos o sobre contabilidades arregladas, quizá este último tipo de transparencia real en estricto sentido todavía esta algo lejos de materializarse,  sin embargo es innegable que estamos transitando hacia esa realidad, gracias en gran parte al internet y la democratización de los medios masivos es que aquellos que saltan la barda y cometen flagrantes malversaciones son descubiertos en redes sociales  sin ningún tipo de censura.

Aun cuando en teoría los sindicatos se deben manejar con total autonomía por no ser entes en estricto sentido públicos, la realidad es que por lo menos aquellos que agrupan a burócratas o trabajadores de las empresas productivas del estado, si debieran acatar en el peor de los casos las más elementales disposiciones en materia de transparencia, recordemos que el dinero con el que operan si bien no viene directamente del estado, sino de sus trabajadores, a final de cuentas provino de los bolsillos de los contribuyentes, de las rentas petroleras o de créditos del gobierno en cuyo caso es a todas las de la ley dinero público sobre el que se deben rendir cuentas.

Hasta el cansancio hemos tenido que soportar como groseramente los líderes sindicales se dan la vida de virreyes de la Nueva España, el tema se encuentra muy frío en estas fechas pero el todavía líder del sindicato de Pemex, Carlos Romero Deschamps jamás explicó los costosos modos de vida de sus hijos, que viajan en aviones privados, conducen deportivos europeos de varios millones de pesos y se dan la gran vida por todo el globo, o como el líder del sindicato de la CFE, Víctor Fuentes del Villar vive en un costosísimo departamento en la Ciudad de México y maneja un automóvil de 2 millones de pesos con un sueldo de apenas 23 mil pesos, y bueno de los casos de opacidad de los líderes en el plano local mejor ni hablar.

El caso es que es perfectamente justificable y estrictamente indispensable el cambio en materia de transparencia sindical, sobre el caso en teoría legisladores a nivel federal presentaron en días pasados un conjunto de leyes secundarias a la reforma de transparencia para hacer efectiva la obligación a los sindicatos de rendir cuentas no sólo a sus agremiados sino a la sociedad en general, la reforma propone que los sindicatos que manejen recursos que provienen del erario hagan públicos contratos y convenios con autoridades, la relación detallada de los recursos económicos, en especie, bienes o donativos que reciban, así como un informe detallado del ejercicio y destino final del dinero que ejerzan, nada mal a decir verdad y la propuesta se vuelve aún más atractiva cuando nos enteramos que también contempla el tema tabú del tabulador de remuneraciones que perciben sus dirigentes y de los montos de financiamiento público mensual, en general si la reforma es aprobada se daría un paso enorme en la dirección correcta.

Sinceramente la urgencia de esta medida no necesita de ningún razonamiento ni justificación, la opulenta manera de vida que se dan los líderes sindicales es un acto de desprecio por los ciudadanos que simplemente no puede existir en estos tiempos modernos, ojalá la reforma llegue a buen puerto y no tengamos que seguir conociendo de los deshonrosos casos que se dan en los principales sindicatos en el país.