Enrique Vázquez

De forma muy similar a lo que acontece en Norteamérica con el Presidente Barack Obama, la administración del presidente de México, Enrique Peña Nieto, vive un momento de crisis, si bien la tormenta que atraviesa el presidente Obama pudiera considerarse en cierto sentido peor dado que ha perdido la mayoría en ambas cámaras legislativas lo que llevará a constantes reveces y estancamientos por la falta de acuerdos y apoyo en cámaras para los proyectos que impulsa el presidente Obama.

La situación que enfrenta el Presidente Peña Nieto no ha alcanzado al aparato burocrático como si acontece con nuestros vecinos del norte, pero en estricto sentido es abismalmente más delicado el hecho que al día de hoy la gobernabilidad no esté realmente afectada, no quiere decir que en el futuro próximo la situación no sea diferente, si los problemas tan delicados que hoy deben preocupar al presidente y su administración no son tratados con extrema cautela, lo más probable es que el próximo año en las elecciones federales, el partido del presidente sufra un fuerte descalabro y pierda la mayoría en el congreso poniendo un freno importante a cualquier intento de seguir reformando el marco legal del país o complementar las reformas estructurales ya alcanzadas.

Los frentes donde el presidente debe poner atención urgente no son pocos, el constante reclamo social por los sumamente lamentables acontecimientos ocurridos en Tlatlaya pero en especial en Ayotzinapa, no han cedido a pesar de haber  transcurrido varias semanas desde que los responsables fueron encontrados y están ya sujetos a un proceso penal, por otro lado el escandalo con la multimillonaria residencia del presidente y su Sra. esposa Angélica Rivera significa un golpe contundente del que no hay escape y que probará en el futuro cercano ser realmente dañino para la imagen del presidente y su partido, piénselo un momento estimado lector y la situación no admite ninguna explicación desde donde salga bien librado el presidente, son demasiadas las coincidencias, demasiado arraigada la historia entre de los involucrados y muy doloroso el posible trasfondo de la operación como para poder salir avante de ella, más aun cuando el principal problema de la administración del presidente contrasta tanto con la notoria opulencia de la casa en cuestión.

La estancada economía y la pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos es y seguirá siendo el principal problema que tiene que resolver el ejecutivo federal, la seguridad solía ser el problema número uno pero con gran esfuerzo se ha logrado calmar la situación de violencia en varios estados y apagar el fuego de la opinión pública en otros donde la violencia aún sigue latente, dejando a la débil economía en primer lugar de la lista. A pesar del optimismo con que año con año los analistas, el banco de México y la banca comercial proyectan a nuestro país, los anuncios de la baja en la tasa de crecimiento caen como balde de agua fría a una población que se aferra a la esperanza de días mejores.

Esta esperanza sin embargo, no durará por siempre y si la situación hoy ya es prácticamente critica, saber que el presidente puede adquirir una mansión de 7 millones de dólares cuando algunos no tienen ni para comer o salir el mes con las deudas, es un fuerte motivante para que un sector muy grande de la población cambie su opinión sobre el presidente y su administración, viejas prácticas que en el discurso habían desaparecido se vuelven una realidad lamentable que afectará a muchos mexicanos que viven tiempos difíciles.

La situación es crítica para el presidente y para el país, el tiempo dirá el resultado; pero por lo pronto el panorama de esperanza que vivimos en cierto momento empieza a perder su brillo, la idea y la oportunidad de México para crecer como nunca antes se nos escapa de entre las manos