Es otra de tantas características que heredamos de los monos. El notable biólogo Charles Darwin descubrió que cuando los primates se sienten felices por algún hecho o acontecimiento, suelen hacer chocar la palma de una mano contra la otra, y se produce así el característico sonido ‘clap’. Los humanos repetimos esa conducta que no trata de reconocer el mérito de acciones ajenas, sino de expresar mero júbilo o emoción por cualquier situación.